21.12.24

Celebraciones, protocolo y otras observaciones.

 

     El setenta aniversario de la declaración de La Caldera de Taburiente como parque nacional, tuvo en el municipio donde está enclavada dos celebraciones, la una en el Centro de Visitantes del Parque Nacional, organizada por la Consejería de Transición Ecológica y Energía del Gobierno de Canarias, la otra en el Bar Central, organizada por el Ayuntamiento de El Paso, entre ambas celebraciones, una distancia de dos mil setecientos metros en línea recta de lugar a lugar, cincuenta días entre celebración y celebración y, sobre todo, un conflicto de protocolo.

     La Consejería de Transición Ecológica y Energía del Gobierno de Canarias redacto una nota de prensa del acto, al parecer, antes de que este se celebrara y, la remitió a todos los medios de información a pesar de lo que realmente en el acto del 30 de octubre de 2024 ocurrió.

       La nota de prensa de la Consejería “liderada por Mariano H. Zapata” dice textualmente que “la efeméride se ha llevado a cabo en el centro de visitantes del parque, interviniendo en el acto el consejero Zapata, el vicepresidente del Cabildo de La Palma y del patronato, Sergio Rodríguez, y el concejal del Ayuntamiento de El Paso y miembro del patronato del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, Omar Hernández”. Pues resulta que, en realidad, el Ayuntamiento de El Paso se plantó, el alcalde no asistió y el concejal no habló.

     Todo esto vino a saberse unos veintiséis días después de los hechos, al final de una sesión plenaria del ayuntamiento pasense y, lo allí hablado, vino a publicarse por El Periódico de La Palma el dos de diciembre siguiente.

     A groso modo, la consejería del Sr. Zapata le prohibió hablar al alcalde de El Paso en el acto, reduciéndolo de primer edil del municipio a primer doliente que, en medio de su desesperación y tormento, no logró o no supo imponerse, optando por la pataleta de no asistir en lugar de esgrimir razones protocolarias.

     No debió la consejería obviar que el alcalde representa al ayuntamiento y preside todos los actos públicos que se celebren en el término municipal, si bien se agrega “sin perjuicio de lo dispuesto en el Reglamento de Protocolo”, por lo que tenemos que ir al Reglamento de Precedencias en el ámbito de la Comunidad Autónoma de Canarias, cuyos servicios de protocolo no explicaron, sino que impusieron sus tesis a razón de lo oído en el pleno.

     El 19 de diciembre fue la IV Edición de los Premios Caldera de Taburiente, nunca habían sido tan tarde, las Redes oficiales del Ayuntamiento dijeron que hubo “emoción y gratitud” pero el Sr. Zapata no estaba. En la ansiada hora de las disertaciones, los discursos van de menor a mayor rango. Es decir, habla primero el de menor rango y en último lugar quien preside. El alcalde habló el primero y, esta vez, la culpa no fue de los servicios de protocolo del Gobierno de Canarias.

     La novedad estelar de la IV Edición de los Premios Caldera de Taburiente era el otorgamiento del Galardón Honorífico “a Don Antonio Pino Pérez, Hijo Predilecto de El Paso, pionero en la defensa del valor de La Caldera y símbolo eterno del amor por la naturaleza”.

     Pionero, en realidad, es el que fuera concejal del vecino municipio de Los Llanos, don José Ruperto León Rodríguez, que allá por el 10 de septiembre de 1934, propone y consta en documento público, se solicitara a quien procediera que se declarara parque nacional a La Caldera de Taburiente, a lo que se opuso el concejal conservador don Fernando del Castillo-Olivares y Van-de-Walle que obtuvo los apoyos suficientes para rechaza la propuesta de León Rodríguez, diciendo que lo esgrimido por este último no tenía que ver con lo válido para El Teide y Las Cañadas. Que la Caldera era particular.

      Lo interesante del acta de Los Llanos es darnos a conocer que, veinte años antes de la declaración de La Caldera de Taburiente como parque nacional, ya se trabajaba en ello y, sobre todo y por lo que nos atañe ahora, queda retratado que los señores de Argual y Tazacorte estaban frontalmente en contra de tal declaración. A pesar de ello, el Ayuntamiento de El Paso, en la entrega de galardones de 2023 con motivo del sesenta y nueve aniversario de la declaración de La Caldera como Parque Nacional, sin conciencia y sin pudor, les entrega un galardón al Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte.

       En esta cuarta edición de los premios, no solo se cumplen setenta años de la declaración de la Caldera como Parque Nacional, sino otros tantos de la denuncia interpuesta por don Antonio Carrillo Kábana, como partícipe y presidente de la Comunidad de Regantes de las Haciendas de Argual y Tazacorte contra don Antonio Pino Pérez como alcalde del municipio de El Paso. Era el 28 de septiembre de 1954 y esto dio lugar al sumario 113/1954, tras el cual, el Tribunal de la Sala de lo Criminal dictó, en 30 de abril de 1955, auto de procesamiento contra don Antonio Pino Pérez, imputándole los delitos de coacción, daños y hurto.

     Da la impresión de que, con la entrega del premio al Sr. Pino Pérez en este año de 2024, trata el ayuntamiento de reparar el error de la entrega de galardón homologo a sus adversarios en la edición de 2023. “Éxito en los Premios Caldera de Taburiente” dice una nota de prensa del ayuntamiento pasense, no es para menos, han conseguido mezclar el agua y el aceite.

24.10.24

De cuando Catalino se cayó con el muerto (2)

 

      Desde el momento mismo del entierro de  C.A.C. (Crispín Álvarez Carballo) el día 15 de enero de 1932, surgieron dos historias diametralmente opuestas. Una persona bajo el seudónimo de PPP T publicaría un mes más tarde, el 16 de febrero siguiente en el nº 27 de “El Socialista” órgano de la Agrupación de Santa Cruz de Tenerife, un artículo que recogería las dos versiones, a una la llamaría “así sucedió” y es la del autor, la otra la titularía “Y así se cuenta”, siendo la versión del alcalde contenida en un oficio enviado a la Dirección General de la Guardia Civil y que se publicó en el rotativo madrileño “Ahora” el 30 de enero de 1932.

      Esta publicación del rotativo madrileño se conoció en El Paso y fue el detonante de la publicación por parte de TTT P en “El Socialista” diecisiete días más tarde.

Lo que da por cierto el articulista.

      La fecha de fallecimiento de C.A.C. (Crispín) fue el 15 de enero de 1932 y murió de “enfermedad contagiosa”. El autor del escrito asevera que, a pesar de ello, no se reunió la Junta de Sanidad.

      La Alcaldía lo que hizo fue gestionar y conseguir que dos vecinos retribuidos se prestaran a efectuar el sepelio. Dice que fueron estas dos personas las que penetraron en la casa del fallecido y colocaron el cadáver en el ataúd. Continúa diciendo que uno era muy viejo y el otro estaba completamente borracho, nos quedamos sin saber quién era el “de avanzada edad” pero el embriagado era indudablemente Catalino, es decir dos desgraciados marginales del pueblo.

      Nada más salir con el féretro a la calle se dieron cuenta que estas personas no podían llegar al cementerio con el difunto para darle sepultura y los artífices intelectuales del plan de inhumación no sabían que hacer, el autor del artículo los señala. Los responsables de que estuviera un ataúd con un cadáver dentro, tirado en medio de la calle “frente a la Plaza del Ayuntamiento” con un borracho a los pies y un anciano a la cabecera, eran el alcalde y el teniente de la Guardia Civil.

      Según esta versión coetánea de los hechos, Catalino, si se derrumbó, no fue donde dice la versión popular sino más de 100 metros antes, solo habían arrastrado, cargado o mal llevado el féretro a 50 metros de la casa del difunto, cuesta abajo.

      No había público asistente, algunos curiosos a más que prudente distancia, la cual guardaba también el alcalde y el teniente de la guardia civil y sus números de la benemérita, lo dice así “todos, absolutamente todos los demás estaban a prudente distancia” cuando los titulares sanitarios, farmacéutico y médico, y un concejal “sin la menor excitación de nadie, sino por propio y espontáneo impulso y sin exhortaciones” saltaron adelante y realizaron la inhumación sin más ayuda que la de las dos personas contratadas.

      El farmacéutico Miguel Jurado, políticamente líder conservador del municipio, el médico Juan Fernández, políticamente líder que fue de los liberales y, el concejal Antonio Celestino Castro Casas, concejal socialista y tercer teniente de alcalde, esos fueron los nombres de las personas que “con su arrojo y altruismo levantaron el espíritu y estado moral del pueblo”.

      Lo presenciaron a respetable distancia el alcalde y el teniente de la guardia civil, no dice que estuviera la corporación, ni que se esparciera cal, nada de eso, no nombra al otro médico, a Juan Pérez Capote que según versión popular era el de la Junta de Sanidad, el titular de policía sanitaria. Tampoco los nombres de los indigentes contratados, pero Catalino caló en el ideario popular con la fuerza de sus borracheras.

      El autor de esta versión se pregunta si alcalde y teniente de la Benemérita informarían de estos hechos a la superioridad por si cupiera recompensa a los señores “Jurado, Fernández y Castro”, pero lo que le impulsó a escribir en El Socialista fue la llegada a sus manos del diario madrileño “Ahora” de 30 de enero de 1932.

La versión del alcalde.

      Según el oficio de la alcaldía, su personal versión en documento oficial, Crispín Ávila Carballo (pone su  nombre y apellidos) muere de peste neumónica y ante ello él reúne a la Junta Local de Sanidad, visto que ningún vecino se presentó voluntario para efectuar el sepelio por temor a contagio, se presentó el Teniente de la Guardia Civil don Manuel Bravo Moreno a las cuatro de la tarde acompañado de tres guardias y dice que el tal Moreno exhortó al vecindario para levantar ánimos y dar ejemplo ¿de qué?, se pregunta PPP T.

      El teniente y el alcalde tras “incesantes trabajos” lograron encontrar retribuidos a dos vecinos. Y el teniente con la fuerza a sus órdenes acompañó y coopero en el enterramiento “mientras los vecinos huían atemorizados” y dice que en todo ello se invirtieron unas cinco horas.

      Luego el día 16 siguiente, alcalde y teniente requirieron a los vecinos y establecimientos que abrieran sus puertas y por la heroica actuación es por lo que se dirige al Director General buscando alguna medalla para teniente Moreno, por el gran servicio humanitario prestado. Lo firma y sella el alcalde el 16 de enero de 1932.

      Este oficio de la Alcaldía es lo que publica el periódico “Ahora” en Madrid y parece razonable pensar que fuera enviado al mismo, si no por la propia dirección general, por amigos en la misma del teniente Moreno. Pero son conjeturas.

      No cuesta mucho trabajo imaginar la indignación de PPP T., se muere Crispín, el alcalde avisa a la guardia civil, atrapan a dos indigentes, los sobornan y embriagan, no contratan, obligan, engañan, pero no llegan al cementerio, y, luego actúan quienes no nombra el oficio de la alcaldía. El anónimo articulista termina diciendo del oficio del alcalde lo que Baltazar del Alcázar, poeta español del Siglo de Oro:

                                                       Esto, Inés, ello se alaba,

                                                       no es menester alabarlo;

     No cualquiera podía conocer la existencia y la obra de Baltazar del Alcázar, en esa época no se le preguntaba a Google. Con su invocación termina su crónica PPP T.

     




16.10.24

De cuando Catalino se cayó con el muerto (1).

 

Aquellos sucesos, sobre la muerte en El Paso de una persona por peste neumónica, hace ya poco más de noventa años, perduran y se transmiten oralmente, en consecuencia, existen diversas versiones que difieren en varios detalles. Desde quienes fueron los enterradores, hasta donde llegaron con el féretro, quienes colaboraron para llegar al cementerio, dudas sobre la actuación médica por parte de los familiares del fallecido, hasta dudas sobre de lo que, realmente, causó su muerte. Esta primera parte se fundamenta en algunas de estas versiones verbales.

El patógeno se escapa.

      La peste neumónica que asoló Tazacorte en 1928 alcanzó zonas de Argual. De allí, de este último pago, procedía Crispín, casado en el Paso y que regentaba el Bar Central. Así las cosas, la familia sanguínea de Crispín quedó dentro de la zona en cuarentena a la cual no se permitía acceder desde el exterior ni salir hacia zonas libres de epidemia.

      La gente hablaba de que “las hermanas de Crispín” habían enfermado y pronto se dijo que su hermano, burlando los puntos de guardia impuestos por las autoridades sanitarias, las visitaba en su enfermedad y agonía.

      Crispín cayó enfermo aquejado de alta fiebre y le confesó al médico titular de sanidad de El Paso –Juan Pérez Capote- que, efectivamente, él había visitado a sus hermanas. El médico era, además, vecino de Crispín en lo que por aquel entonces se conocía por Camino de Tenerra, con propiedades limítrofes y mediando entre la casa de ambos, aproximadamente, una veintena de metros en línea recta. Aunque había más de un galeno en El Paso apuntan hacia el Dr. Pérez Capote como Jefe Local de Sanidad y le atribuyen que fue quién decretó el aislamiento del enfermo en su casa al cual “le alcanzaban la comida con una larga pértiga que introducían por la ventana”.

      En la casa del enfermo, y presunto apestado, solo entraba el médico en sus obligadas visitas en razón de oficio y cargo (pero otras versiones apuntan hacia que iban los dos médicos del pueblo) efectuadas bajo fuertes medidas de autoprotección. El criterio del galeno anteponía la salud colectiva a la vida del enfermo, Crispín murió relativamente pronto.

El entierro.

      El problema era quien enterraba a Crispín una vez fallecido. Se cuenta que las autoridades municipales y el médico titular de sanidad tiraron del censo no escrito de los alcohólicos, vagabundos y desarraigados, solitarios y sin parientes cercanos en el pueblo. Si reunían todo el cúmulo de “cualidades”, tanto mejor.

      Entre la leva reclutada o voluntaria, en unas versiones dos y en otras uno, quedó en la tradición oral un indigente apodado o llamado Catalino. Y aquí se disparatan los relatos. Hay quien dice que fue Catalino y solo él quién penetró en la casa del difunto tras el órdago negociador con las autoridades que le convencieron de la grandeza del servicio que le pedían en torno a una botella de vino. Dicen que transformado salió Catalino del cónclave de los notables y, dejando volar la imaginación, como un precursor de la canción que luego escribiría el mexicano José Alfredo Jiménez, entre cántico y blasfemia “grito de pronto el borracho / la vida no vale nada” y se fue a por el muerto, le introdujo en el féretro sacándolo al exterior a rastras. Pero otras narraciones corrigen, Catalino no estaba solo, ni pudo hacerlo solo, por lo menos otra persona entró con él en busca del cadáver de Crispín.

     Una de las historias más creíbles dice que el féretro con el cuerpo de Crispín fue arrastrado por las calles mediante una soga de la que tiraba Catalino o éste y su ayudante.

        Pero todavía existe otra esperpéntica fabulación, bastante extendida y creída, Catalino bajo los efectos de la embriaguez que le infundio el valor de sacar el féretro a la calle, aún tuvo fuerza y potencia suficiente para cargar con él a sus espaldas y emprender la marcha oscilante bajo el peso del difunto y los vaivenes de la monumental borrachera a la que los “respetables” del pueblo contribuyeron como pago a la misión encomendada.

      Trescientos veinte metros separaban la casa del difunto del cementerio a través del mentado camino de Tenerra, que luego fue calle Pablo Iglesias, más tarde General Franco y en la actualidad Sagrado Corazón y continuaba el cortejo por la calle Veintitrés de Septiembre, hoy Salvador Miralles. Tras el féretro iban miembros de la Corporación y operarios municipales portando bolsas de cal viva que esparcían tras las pisadas del Catalino hasta que el esfuerzo y grado de embriaguez de este le hizo desplomarse a los ciento ochenta y cinco metros caminados, dando al suelo él y el féretro de Crispín justo en el cruce con la calle Norberto Pérez Díaz.

      Espanto entre quienes, ya aterrados, observaban tras los cristales de ventanas fechadas.  El séquito flaquea, la comitiva de los ideólogos del entierro retrocede asustada, la estampida está a punto de producirse.

      Entonces surge con fuerza en la narración un nombre más: Antonio Celestino Castro de Las Casas (o Castro Casas) –alias Antonio Garvilla- concejal, más concretamente tercer teniente de alcalde. Algunos narradores llegan a atribuirle que dijo “esto se acabó, ahora lo cargamos nosotros” y se lanzó, sobrio, valeroso, raudo, a recoger el féretro para motivar al resto de miembros de la Corporación consiguiendo los suficientes apoyos para poner el cadáver en el cementerio y darle sepultura en tumba marcada como intocable por tiempo indefinido. Pero nunca me dieron el nombre de quienes cargaron el féretro junto a Celestino.

El fuego purificador.  

       Una noche inmediata al grotesco sepelio las campanas tocaron a rebato: la casa de la familia de Crispín estaba en llamas. Nadie podía decir quienes le prendieron fuego, pero señalaban al médico Juan Pérez como quién dio la orden (sin pruebas para tal afirmación) para evitar un posible foco de contaminación en la inmediatez de los patios de su casa y conjurar un hipotético peligro epidemiológico. Los familiares de la víctima mayores de edad, un tal José Antonio y una tal Victorina se refugiaron en los pajeros, la mayor de las hijas, Angelita, se refugió en la casa de Flora Taño y sus otros dos hermanos, Tomás y Lala, en casa de los Sicilia Camacho. La acogida fue un acto heroico, venciendo el temor a un posible contagio, utilizando desinfectantes, como el mítico Zotal, lavando con agua caliente la ropa de los niños.

      Nunca pasó nada y quedó en el tiempo el amor de un hermano que rompió cordones sanitarios por apego a su familia, pagando con su vida, permaneció la sospecha sobre el criterio íntimo bajo el que actuó el médico y, sobre todo, recordó la gente el caricaturesco entierro de cuando Catalino se cayó con el muerto.

     Pero, ¿fue exactamente así? No, el sepelio tuvo un cronista anónimo que escribió a la par del suceso y que dejamos para una segunda parte.

25.9.24

Algunas otras historias ocurridas durante la guerra civil en El Paso (2).

 

Otras bajadas y otras formas de verlas.

     Un programa de las fiestas del Pino, de las fiestas trienales, es visto y leído por infinidad de lectores y, dependiendo de cómo se aborden “las otras bajadas”, las de los años de la guerra civil, la gente interpreta lo sucedido de una forma u otra.

      Las “solemnes peregrinaciones religiosas” con el propósito de “suplicar de la Divina providencia la pronta terminación de la guerra que actualmente está sufriendo nuestra amada España y se inicie una nueva era de paz y prosperidad” no es cierta, cuando esto no se pedía por la paz, se pedía por la victoria y la aniquilación total del enemigo.

      “Rogativas públicas auspiciadas por los curas de Tazacorte, Los Llanos y El Paso (José García Pérez (1912 – 1958)”, tampoco es verídico, se dieron en toda la España donde se implanto desde el inicio de la sublevación las tesis de los sublevados. Veamos que dice la prensa sobre la peregrinación del Cristo de La Laguna.

     La crónica del 2 de febrero de 1937 del periódico la Gaceta de Tenerife decía así “Ahora ha vuelto a su altar el Santo Cristo de La Laguna. Pero esto no debe significar que han terminado las rogativas. Estamos empeñados en una guerra cruenta que ha de redimir a España, Y para vencer tenemos que hacer nuestra la divisa del gran Constantino: "In hoc signo vinces"." que quiere decir con este signo vencerás”.

     El historiador Eduardo Montagut, Historia Jueves, 21 Julio 2016, dice, “La Iglesia española bendijo el golpe y a un bando, el que consideraba como uno de sus principios básicos la estrecha unión entre la Iglesia y el Estado. La Iglesia cobró su apoyo después de la victoria franquista, ya que sacó inmensos beneficios en lo económico, en lo educativo, en lo político y en lo cultural. Los años posteriores fueron los de otra cruzada, la recatolización del país”.

     Dice el programa de fiestas que, en el año 1939 “cumpliendo con un voto hecho al comenzar la Cruzada Nacional por esta ciudad de El Paso, durante el mes de agosto de este año de La Victoria, será llevada en solemne y triunfal procesión por acción de gracias, hasta la iglesia de Ntra. Sra. de Bonanza…”

No venga a endulzar la píldora, “acción de gracias por la terminación de la guerra”, no, por la victoria, por el aplastamiento del enemigo.

 Echamos mano de Eduardo Montagut otra vez: “El concepto de cruzada es histórico y se refiere, como bien sabemos, a las guerras o expediciones militares contra los musulmanes en la Edad Media, y en relación con la Tierra Santa, aunque también se aplicó en los conflictos en la península Ibérica entre cristianos y musulmanes, y en otros lugares de Europa. Pero el término se ha ido haciendo más complejo porque se ha aplicado a expediciones, guerras, o campañas que nada tienen que ver con este origen medieval. El caso de la guerra civil española es uno muy evidente. La guerra civil sería una cruzada no contra el islam, lógicamente, sino contra el marxismo, el anarquismo, la masonería, los impíos, los liberales y demócratas, los tibios, “los malos españoles” y los extranjeros que apoyaban la causa de la República. Franco comenzó a usar la expresión de “cruzada nacional” muy pronto, a los pocos días del golpe de julio de 1936. El precedente del uso del concepto de cruzada estaría en José Antonio Primo de Rivera”.

    “Procesiones acompañadas por millares de fieles, entre los que destacaban las autoridades locales y fuerzas militarizadas de los pueblos de la comarca”, dice el Programa de las Fiestas 2024. Es decir, destacaban los más feroces represores (autoridades del momento y el Movimiento) y fuerzas paramilitares de Falange y Acción Ciudadana (se fusionarían dos meses después en Falange ET y de las JONS), eran los autores materiales e instigadores de no se sabe cuántas muertes y una represión y humillación que continuaba.

      Las procesiones no eran tales, eran el cortejo de los asesinos, las rítmicas pisadas del desfile se efectuaban con el mismo calzado que empujó los muertos a sus tumbas, que apretó sobre ellas la tierra o la arena de la que rezumaba la sangre de los asesinados, el vaivén de los estandartes sagrados tenía la mímica grotesca que emulaba la oscilación pendular del zapato ortopédico del cojo de San Andrés, frente a la casa de sus padres, al amanecer de la noche en que le mataron.

     En ese mes de febrero de 1937, el cura de El Paso, José García Pérez, intervino en un acto político en el teatro circo de Marte en S/C de La Palma, “fogosa intervención llena de erudición y amor patrio”, dijo la prensa del Movimiento, no de amor cristiano. El cura era un fascista, en uno de sus mítines se le oyó decir “que menos se le puede dar a un enemigo que, una bala, que no vale más que una perra”.

13.9.24

Algunas otras historias ocurridas en El Paso durante la guerra civil española (1).

 

      Desde el 25 de junio de 2024, con motivo del “día del municipio”, durante las fiestas trienales, con actos culturales y publicaciones escritas, hasta el término de las mismas, se ha venido incidiendo sobre una historia general del municipio y del Conjunto Histórico Artístico de Nuestra Señora de Bonanza, en particular, de la que se excluye ciertos episodios que se pretenden mantener en el olvido.

     Mientras solo se sea capaz de observar y añorar los matices del blanco en la pared NW de la ermita de Ntra. Sra. De Bonanza de la huella de una placa colocada en 1953, y se ignore y continué silenciando los matices del negro del postigo de la mazmorra bajo la balconada W., no hay idiosincrasia que valga.

      Podrá haber muchas índoles, tantas como habitantes, pero no una, única como colectividad y como pueblo. Tampoco tiene por qué haberla porque esto no es la Unión Patriótica ni, tampoco, el Movimiento Nacional.

      El municipio es la organización territorial básica del estado y su existencia se fundamenta en tres premisas, territorio, población y organización.

      Es obvio que, si se pregunta si está demostrado algún asesinato o desaparición entre la población asentada en el T.M. de El Paso durante la represión iniciada a la par de la guerra civil, la respuesta es categóricamente NO.

     Pero si se le interpela sobre si, dentro del territorio del término municipal, en partes concretas del mismo, se mató a gentes procedentes de municipios limítrofes que buscaban cobijo y escondrijo en sus monte, cuevas y barrancos, entonces la respuesta pasaría a un SI. Los detalles están escritos en diversas publicaciones.

     Si se solicita una respuesta de si, hijos del municipio, encuadrados en las milicias fascistas de Falange y partidas de Acción Ciudadana salieron a otros municipios a sembrar el terror y la muerte o se participó en las cacerías de “alzados” en los montes de propios, esta contesta sería un SI, que podría abundar con nombres de pasenses situados entre los más sanguinarios asesinos de la geografía insular.

     Si buscamos entre la organización municipal, es decir, sus gestoras, o lo que estaba detrás de las mismas, es posible que se llegue a la conclusión de que evitaron matar a sus vecinos a cambio de darles palizas, multas, humillaciones y cárcel.

     El conjunto de Bonanza fue presidio de detenidos que habían realizado previamente el viaje a la cárcel de Los Llanos, prisiones de S/C de La Palma y retorno al conjunto de Bonanza. Eso para los que no se llevaron fuera de la isla.

     El primer preso, dicho con reservas de otras indagaciones, que figura con el número 344 en los libros carcelarios de Los Llanos, fue David Taño Pérez, alcalde de El Paso (17-05-1931 al 03-02-1933), estuvo en la cárcel de Los Llanos desde el 29 de agosto de 1936 hasta el 3 de septiembre de ese mismo año, es decir durante seis días.

      Una segunda redada en septiembre de 1936 llevó a cuatro “naturales de El Paso”, inscritos con los números 365, 366, 371 y 378. En las anotaciones al margen de los libros pueden leerse cosas así, como, “conducidos por falange del Paso”, por orden del alcalde o, por orden de la autoridad gubernativa. La mayoría no ponía nada, porque en octubre fue la gran redada, en dos días se llevaron a 23 pasenses a la cárcel de Los Llanos y de allí inmediatamente a las cárceles de la capital insular.

     Que, dentro de la ermita de Bonanza, al pie de la bella pila bautismal, se propinaban palizas, generalmente por parte de la Guardia Civil, consta en documentos de consejos de guerra, como el celebrado en Santa Cruz de la Palma a nueve de agosto de mil novecientos treinta y siete. “El cabo de la Guardia Civil me partió los labios al pie de la pila donde me bautizaron”, diría uno. Antero Simón fue apaleado, tenía quince años, por eso su caso se llamó “exploración del menor”.

     El 28 de octubre de 1936 consta la entrada en la cárcel de Los Llanos de Agustín del Rosario Rodríguez, secretario del ayuntamiento de El Paso por “inducción a acto criminoso”

     Ese mismo 28 de octubre de 1936 el ayuntamiento de El Paso toma acuerdos y destituyen al Depositario don Simeón Méndez Taño y lo sustituyen por don Antonio Pestana Pino. Nombran secretario al Oficial Mayor don Francisco Duque Martín por haber sido detenido el titular don Agustín del Rosario.

     Pero a Francisco Duque Martín le llegaría su turno el 28 de diciembre de 1937, ese día el ayuntamiento de El Paso acuerda su cese y el de un oficial del ayuntamiento, este último para incorporarse a filas. Al mismo tiempo habilitan como secretario para sustituir a Duque Martín, a Dámaso M. Díaz Rodríguez que estaba jubilado y había desempeñado el cargo de secretario años atrás.

      El 1 de abril de 1938 el ayuntamiento trata los expedientes instruidos contra los exsecretarios Agustín del Rosario Rodríguez y Francisco Duque Martín, aprueba los mismos y los envía a la Comandancia General de Canarias. Desaparecen a partir de aquí los nombres de estas personas ya condenadas en sendos Consejos de Guerra y puede ser que el ayuntamiento se limitara, que no es poco, a cesarlos en todos sus posibles derechos como exfuncionarios para dejarlos sin pensiones, reducidos a parias en la sociedad de los vencedores.

25.8.24

Desmitificando a los señores Fermín Sosa, padre e hijo.

      En realidad, todo es humano, con sus grandezas y sus miserias, cuando se resaltan las primeras y se esconden las segundas, el producto resultante es controvertible. Aunque entiendo al ponente, en un acto del tipo al que fue llamado a exponer, no todo cabe. Aquí, sí.

     Manuel Fermín Sosa Taño, cuyos logros e incuestionables aciertos y buen hacer, él mismo se encarga de dar a conocer, en su “Manifiesto de un alcalde” instaura una línea oficial que nadie se ha atrevido a cuestionar a través del tiempo. Siendo esta cierta y ampliamente defendible, también lo es el decir que, en su aspecto político, fue una flor que prosperó en la dictadura y marchitó en la democracia.

      Alcalde de la etapa del Directorio Civil de la dictadura de Primo de Rivera, no desperdició ocasión de acariciar las borlas del fajín del general Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, II Marqués de Estella, al que hizo Hijo Adoptivo de este pueblo, dio a una calle, antes denominada “La Fuente” el nombre de “Trece de Septiembre”, fecha del golpe de estado del general, entonó Te-Deum, le dedicó conciertos de música, patrióticos discursos y adhesiones a “la causa”, tan masivas como la recepción de quinientas damas de El Paso a la Unión Patriótica en 1928.

      Las quinientas damas, los ciento veinticinco comensales, todo a lo grande, pero falto de solidez, la máquina de Manuel Fermín quebró y se desinfló al acabar la dictadura en 1930. Cuando tres años después Manuel Fermín Sosa Taño se mide en las urnas frente a otros oponentes políticos fue arrasado por los `Republicanos Palmeros´ con sus siete concejales, superado por los `Radicales´ con sus tres concejales y solo dejó por detrás a `Acción Popular´ con un concejal. El partido del señor Manuel Fermín, `Derecha Republicana´, solo obtuvo dos actas, una de ellas la del señor Sosa Taño, aspirante a Alcalde relegado a concejal en un grupo minoritario.

     Que su pueblo le otorgó el nombre de la plaza circundante de la iglesia nueva es una forma de decir que su nombre venía dentro de un paquete de cambio de nombres de calles en relación a escrito del gobierno civil de la provincia para barrer la nomenclatura republicana. Era el 7 de octubre 1936. Mandaba el gobierno civil cambiar la plaza de Fermín Galán por el de Manuel F. Sosa Taño, como ex alcalde y líder de derechas, cambiar la calle Ángel García Hernández restituyéndola por “13 de septiembre”, fecha del golpe de Miguel Primo y dictaba otra serie de nombres de calles como “Generalísimo Franco”, “comandante Castejón”, “General Mola”, “Héroes del Alcázar” y “José Antonio Primo de Rivera”.

     Resulta curioso de que el nombre de “Héroes del Alcázar” estaba destinado a “la calle que va al cementerio viejo”, que parece ser la misma que el 1º de julio de 1925, a propuesta del concejal Juan Simón Fernández se designa con el de Fermín Sosa, en honor a Fermín Sosa Pino, padre de Sosa Taño “en agradecimiento por gestiones para la división parroquial”.

     En los dos periodos en que ejerció la alcaldía el señor Sosa Pino la prensa local lo vapuleo en varias ocasiones. “La Defensa” el 3-11-85 le satirizó en un escrito de uno de sus adversarios políticos, en el periódico “Aseró” el 11-7-1886, le acusan de desviar parte de la Prestaciones personales para construir paredes desde los cimientos en fincas de su propiedad. Y sigue la edición haciendo críticas de este alcalde. Todo esto en el primer mandato de Sosa Pino.

      En el segundo, la cosa es más pintoresca. El periódico “El Germinal”, el 16-7-1907 publica una queja de “nuestro colega” de El Eco de la Verdad de El Paso (un periódico de nuestro pueblo), que al ser presentado el primer número de dicho periódico pasense al alcalde, tal como previene la ley de imprenta, el alcalde Fermín Sosa montó en cólera por no quererlo de manos de un empleado, sino que debía presentarse su director. Ello le lleva a criticar al alcalde: ¿no comprende que irle a este buen señor con periódicos, es algo así como echarles margaritas a los cerdos?

24.8.24

Los especiales días del municipio. (1)

 

“Arrimar el ascua a su sardina”.

     Tratando de interpretar un papel institucional, con apariencia solemne, la alcaldesa, Sra. Fernández, en el más importante discurso de su breve mandato, dijo, que el Día del Municipio era algo que se celebra “desde dos mil veinte por impulso de Sergio Rodríguez y la aprobación del pleno”. Esto fue el veinticinco de junio de dos mil veintitrés.

     Un año más tarde, su sucesor en el cargo dice “agradecer al presidente del Cabildo insular de La Palma mi querido amigo Sergio Rodríguez Fernández la creación del día del municipio”. Hay que llamar la atención que no es lo mismo crear el día del municipio que ser el artífice o actor principal de la creación del municipio. A punto estuvo “mi querido amigo” de ser declarado más importante que Manuel Taño, quedó como el inventor de la celebración de la efeméride de la segregación de El Paso del vecino municipio de Los Llanos o, cuando menos, el gran impulsor.

     Nos vamos a las actas del año de dos mil catorce, encontramos la aprobación para celebrar el día oficial del municipio con el objetivo de recordar la constitución de El Paso como localidad soberana y, nos vamos a la prensa y encontramos amplia información de los actos celebrados. La misma estructura ceremonial, el mismo lugar, Ermita de Bonanza, era el veinticinco de junio de dos mil catorce. La diferencia estaba en que Sergio Rodríguez no estaba, era alcaldesa Dolores Padilla.

     Cronológicamente, dos mil catorce es anterior a dos mil veinte, incluso a dos mil quince. Vamos a suponer que la alcaldesa de dos mil veintitrés y el alcalde de dos mil veinticuatro no sabían lo ocurrido en dos mil catorce, que la archivera no les dio datos del contenido de las actas y que el amplio equipo de asesoramiento, tampoco. Mejor así, fue ignorancia y descoordinación y, por tanto, “nuestros valores” quedan a salvo de la tergiversación y la patraña.