21.5.25

El cuento de la J.T.I.

(Publicado el 1º de mayo de 2002, este escrito tiene 23 años) 

 

Leía en la prensa reciente, escuchaba en la radio y veía en la televisión —siempre en medios de tirada nacional, líderes en audiencia y con el mayor número de espectadores— lo que ocurría en la localidad palentina de Aguilar de Campoo. 

 

La lucha de los trabajadores de la fábrica de galletas Fontaneda por sus puestos de trabajo contra la compañía estadounidense United Biscuits Group, que había decidido cerrar la planta y marcharse, me hizo recordar el cierre de la J.T.I. en nuestro municipio. 

 

Ambas fábricas tenían un número similar de empleados: 212 en Fontaneda y 250 en la tabacalera. Eran parte fundamental de la historia de sus respectivas localidades, con profundas raíces sociales y culturales, y enfrentaban un problema común: una multinacional norteamericana que quería irse y una multinacional japonesa que ya se había ido. 

 

Sin duda, las semejanzas eran importantes, pero a partir de ahí, nada se parecía: ni el apoyo vecinal a los trabajadores, ni el respaldo municipal, ni la acción del comité de empresa y los sindicatos, y mucho menos la determinación de lucha de los empleados. 

 

No es que aquí hubiera que haber secuestrado o retenido a media docena de japoneses, golpeado a una quincena de agentes de las fuerzas de seguridad y sufrido las correspondientes magulladuras para demostrar una defensa a ultranza de los puestos de trabajo en la J.T.I. Pero sí habría que añadir que lo peor no fue la pasividad ante el desmantelamiento, sino el engaño del que han sido víctimas después. 

 

Desde que, a mediados de septiembre del año 2000, la J.T.I. anunciara el cierre de su fábrica en El Paso para finales de ese mismo año, el ventilador gubernamental no ha dejado de mover aire, difundiendo las gestiones más variopintas y las alternativas más extravagantes, todo para evitar una explosión social. 

 

Perestelo invocó los acuerdos entre la Generalitat de Cataluña y la Administración General del Estado para intervenir y evitar el cierre de la fábrica de SEAT por parte de Volkswagen en la comunidad catalana. Eso sí, solo en la prensa, porque sabía que esto no es Cataluña, que no importamos lo mismo al Gobierno central y que Coalición Canaria no es Convergència i Unió. 

 

Luego optó por vender la idea de que traería inversión japonesa a La Palma, incluso más de la que se marchaba. Se entrevistaría con una sociedad japonesa de Promoción Exterior llamada JETRO. Para impresionar, era necesario publicar los nombres de sus interlocutores: nada menos que Kunimichi Hashida y Kockao Sasaki.

 

A continuación, comenzaron a circular alternativas: un hotel en Las Hoyas absorbería parte del paro que generaría el cierre de la fábrica, o en ella se podrían fabricar cochecitos de aire comprimido o material sanitario desechable. 

 

Comenzó la negociación por la compra de las instalaciones, y se argumentó que allí se podía instalar un "nido de empresas". Poco después, Perestelo lo matizó: dado que algunos pájaros suelen poner en sus nidos un solo huevo, lo mejor sería denominarlo "vivero de empresas". 

 

Acalló a los ya ex trabajadores que pretendían competir con las instituciones públicas en la compra de las instalaciones, prometiéndoles que serían empleados preferentes en las nuevas empresas y que tendrían asiento junto a la dirección de la sociedad mixta encargada del control de las instalaciones. 

 

Se olvidaron incluso de que los llamaron especuladores, y frente a los planes de los ex trabajadores de montar una plataforma logística de recepción, almacenaje y despacho, además del alquiler de naves, Perestelo les fue sacando de su chistera: una fábrica de bioalcohol, cartón a base de fibra de plátanos, elaboración de ron, de gofio, de blusas de señora, de hilos de algodón para sábanas, tecnología, etcétera. 

 

Se repartieron los papeles: unas veces hablaba Perestelo, otras el alcalde de El Paso, otras la Sociedad de Desarrollo y Promoción Económica de La Palma, y los platos fuertes se reservaban para el vicepresidente del Gobierno canario, el señor Adán Martín. El hilo de algodón, según estos magos, tenía propiedades casi milagrosas, y el buque insignia de sus promesas era el establecimiento de una nueva multinacional tabacalera: la Imperial Tobacco. 

 

Cuando los ingleses de la Imperial Tobacco se decantaron por instalarse en Tenerife, dijeron que, al fin y al cabo, la fábrica no era para tanto, más bien una birria, y que lo bueno era lo que aún les quedaba en la chistera. 

 

Por aquella época, un maestro del colegio público Adamancasis de El Paso compuso una obra musical titulada "El vendedor de sueños", interpretada por la Banda de Música de esta localidad, que fue exportada y llegó incluso hasta Galicia. 

 

25 años después. 

 

La fábrica de galletas Fontaneda sigue en Aguilar de Campoo, Palencia, como si el tiempo no hubiera pasado. Fundada en 1881 por Eugenio Fontaneda, hoy es Galletas Gullón, S.A. la que perpetúa su legado en el mismo lugar. 

 

SEAT permanece en Cataluña, anclada en Martorell, con una de las fábricas más modernas de Europa. Más de 2.800.000 metros cuadrados produciendo vehículos, mientras el mundo avanza sin pausa. 

 

Perestelo sigue en política, ahora como viceconsejero de Acción Exterior. Su hija, Miriam, es la vicepresidenta sexta del Cabildo. Los Perestelo construyen una saga con más durabilidad que Tabacos Capote, como si el tiempo se resistiera a borrarlos. 

 

En El Paso, hace ya un cuarto de siglo que se apagó la industria tabaquera. Los últimos chinchaleros han muerto, y ya nadie tuerce un triste puro. 

 

El maestro que compuso "El vendedor de sueños" debe ser ahora un respetable jubilado. Mientras observa al actual presidente del Cabildo vendiendo plátanos en Dubai, paseándose en teleférico, piensa: "Este me ha superado."