(Publicado el 1º de mayo de 2002, este escrito tiene 23 años)
Leía en la prensa reciente,
escuchaba en la radio y veía en la televisión —siempre en medios de tirada
nacional, líderes en audiencia y con el mayor número de espectadores— lo que
ocurría en la localidad palentina de Aguilar de Campoo.
La lucha de los trabajadores de
la fábrica de galletas Fontaneda por sus puestos de trabajo contra la compañía
estadounidense United Biscuits Group, que había decidido cerrar la planta y
marcharse, me hizo recordar el cierre de la J.T.I. en nuestro municipio.
Ambas fábricas tenían un número
similar de empleados: 212 en Fontaneda y 250 en la tabacalera. Eran parte
fundamental de la historia de sus respectivas localidades, con profundas raíces
sociales y culturales, y enfrentaban un problema común: una multinacional
norteamericana que quería irse y una multinacional japonesa que ya se había
ido.
Sin duda, las semejanzas eran
importantes, pero a partir de ahí, nada se parecía: ni el apoyo vecinal a los
trabajadores, ni el respaldo municipal, ni la acción del comité de empresa y
los sindicatos, y mucho menos la determinación de lucha de los empleados.
No es que aquí hubiera que haber
secuestrado o retenido a media docena de japoneses, golpeado a una quincena de
agentes de las fuerzas de seguridad y sufrido las correspondientes magulladuras
para demostrar una defensa a ultranza de los puestos de trabajo en la J.T.I.
Pero sí habría que añadir que lo peor no fue la pasividad ante el
desmantelamiento, sino el engaño del que han sido víctimas después.
Desde que, a mediados de
septiembre del año 2000, la J.T.I. anunciara el cierre de su fábrica en El Paso
para finales de ese mismo año, el ventilador gubernamental no ha dejado de
mover aire, difundiendo las gestiones más variopintas y las alternativas más
extravagantes, todo para evitar una explosión social.
Perestelo invocó los acuerdos
entre la Generalitat de Cataluña y la Administración General del Estado para
intervenir y evitar el cierre de la fábrica de SEAT por parte de Volkswagen en
la comunidad catalana. Eso sí, solo en la prensa, porque sabía que esto no es
Cataluña, que no importamos lo mismo al Gobierno central y que Coalición
Canaria no es Convergència i Unió.
Luego optó por vender la idea de
que traería inversión japonesa a La Palma, incluso más de la que se marchaba.
Se entrevistaría con una sociedad japonesa de Promoción Exterior llamada JETRO.
Para impresionar, era necesario publicar los nombres de sus interlocutores:
nada menos que Kunimichi Hashida y Kockao Sasaki.
A continuación, comenzaron a
circular alternativas: un hotel en Las Hoyas absorbería parte del paro que
generaría el cierre de la fábrica, o en ella se podrían fabricar cochecitos de
aire comprimido o material sanitario desechable.
Comenzó la negociación por la
compra de las instalaciones, y se argumentó que allí se podía instalar un
"nido de empresas". Poco después, Perestelo lo matizó: dado que
algunos pájaros suelen poner en sus nidos un solo huevo, lo mejor sería denominarlo
"vivero de empresas".
Acalló a los ya ex trabajadores
que pretendían competir con las instituciones públicas en la compra de las
instalaciones, prometiéndoles que serían empleados preferentes en las nuevas
empresas y que tendrían asiento junto a la dirección de la sociedad mixta
encargada del control de las instalaciones.
Se olvidaron incluso de que los
llamaron especuladores, y frente a los planes de los ex trabajadores de montar
una plataforma logística de recepción, almacenaje y despacho, además del
alquiler de naves, Perestelo les fue sacando de su chistera: una fábrica de
bioalcohol, cartón a base de fibra de plátanos, elaboración de ron, de gofio,
de blusas de señora, de hilos de algodón para sábanas, tecnología,
etcétera.
Se repartieron los papeles: unas
veces hablaba Perestelo, otras el alcalde de El Paso, otras la Sociedad de
Desarrollo y Promoción Económica de La Palma, y los platos fuertes se
reservaban para el vicepresidente del Gobierno canario, el señor Adán Martín.
El hilo de algodón, según estos magos, tenía propiedades casi milagrosas, y el
buque insignia de sus promesas era el establecimiento de una nueva
multinacional tabacalera: la Imperial Tobacco.
Cuando los ingleses de la
Imperial Tobacco se decantaron por instalarse en Tenerife, dijeron que, al fin
y al cabo, la fábrica no era para tanto, más bien una birria, y que lo bueno
era lo que aún les quedaba en la chistera.
Por aquella época, un maestro del
colegio público Adamancasis de El Paso compuso una obra musical titulada
"El vendedor de sueños", interpretada por la Banda de Música de esta
localidad, que fue exportada y llegó incluso hasta Galicia.
25 años después.
La fábrica de galletas Fontaneda
sigue en Aguilar de Campoo, Palencia, como si el tiempo no hubiera pasado.
Fundada en 1881 por Eugenio Fontaneda, hoy es Galletas Gullón, S.A. la que
perpetúa su legado en el mismo lugar.
SEAT permanece en Cataluña,
anclada en Martorell, con una de las fábricas más modernas de Europa. Más de 2.800.000
metros cuadrados produciendo vehículos, mientras el mundo avanza sin
pausa.
Perestelo sigue en política,
ahora como viceconsejero de Acción Exterior. Su hija, Miriam, es la vicepresidenta
sexta del Cabildo. Los Perestelo construyen una saga con más durabilidad que Tabacos
Capote, como si el tiempo se resistiera a borrarlos.
En El Paso, hace ya un cuarto de
siglo que se apagó la industria tabaquera. Los últimos chinchaleros han muerto,
y ya nadie tuerce un triste puro.
El maestro que compuso "El
vendedor de sueños" debe ser ahora un respetable jubilado. Mientras
observa al actual presidente del Cabildo vendiendo plátanos en Dubai,
paseándose en teleférico, piensa: "Este me ha superado."